Introducción
El
síndrome de Vogt-Koyanagi-Harada es una enfermedad sistémica que
compromete además del ojo, otros órganos como la piel, oído y meninges.
El signo más importante de la enfermedad es una uveítis difusa,
bilateral, generalmente granulomatosa, con desprendimiento exudativo de
retina y papilitis.(1-10) La etiología de la enfermedad permanece
todavía desconocida, sabiendo por diversos estudios que su
fisiopatología es autoinmune. Se han sugerido a la inmunidad humoral y
celular contra melanocitos como un mecanismo de patogénesis de la
enfermedad.(3,6,7)
El síndrome presenta distribución mundial y está estrechamente ligado a
ciertos grupos étnicos y raciales, presentando una gran predilección
por las razas pigmentadas, y especialmente orientales. En Japón
representa entre el 6,8% y el 9,2% del total de pacientes con uveítis;
en U.S.A entre el 0,9% y el 3,7%; en Brasil el 2,5%; en Chile el 10% y
en Argentina representa aproximadamente el 14%.(1,3-10) La enfermedad
es más frecuente en mujeres que en hombres.(4,5) Sin embargo, Ohno en
Japón reportó más frecuencia de hombres.(7)
La edad de comienzo oscila entre 20 y 40 años, siendo raro en
niños.(1,4-6) La proporción de pacientes en edad pediátrica es del 3%
aproximadamente.(1,8-16) El objetivo de este trabajo es la presentación
de tres pacientes pediátricos con enfermedad de Vogt-Koyanagi-Harada y
la revisión de los casos públicados. Su forma clínica de presentación,
su evolución y su respuesta al tratamiento.
Materiales y métodos
Se
estudiaron tres pacientes pediátricos con síndrome de
Vogt-Koyanagi-Harada, examinados en el Servicio de Uveítis del Hospital
Oftalmológico Santa Lucía. En todos los pacientes se realizaron
ecografías; en uno de ellos, exámenes inmunológicos, y en otro,
exámenes neurológicos y tomografía axial computarizada. El tiempo de
seguimiento fue: 10 meses, 18 meses y 72 meses respectivamente.
Presentación de casos
Caso 1:
Paciente
de 11 años de edad de sexo femenino. Se presentó a la consulta con ojo
rojo doloroso de diez días de evolución, cefalea, rigidez de nuca,
acufenos y disacusia. La agudeza visual fue de 5/10 sin corrección en
ambos ojos, con corrección 9/10 en OD y 10/10 en OI . Al exámen
biomicroscópico presentó compromiso bilateral, tyndall moderado de 2
(+), y sinequias posteriores en 360°. En el fondo de ojo sólo se
observó vitreítis leve e hiperemia discal. La PIO fue de 16 mmHg en AO.
Se comenzó el tratamiento local con corticoides tópicos (acetato de
prednisolona al 1% cada 2 horas) y cicloplégicos (atropina al 1% cada 8
horas).
A la semana la agudeza visual era de 1/10 en OD y 8/10 en
OI. Se comprobó uveítis bilateral, tyndall moderado y queratopatía en
banda inferior. Al exámen del fondo de ojo se observó vitreítis leve y
desprendimiento de retina plano exudativo bilateral. El examen
ecográfico mostró gran engrosamiento coroideo. Se comenzó el
tratamiento con corticoides sistémicos (16-beta-metilprednisolona 40
mg/día en dosis de 1 mg/Kg/día). En forma tópica se medicó con
corticoides (acetato de prednisolona al 1% cada dos horas) y
cicloplejicos (atropina al 1% cada 8 horas). Durante todo el
tratamiento la paciente se controló en forma multidisciplinaria
evidenciando exámenes clínicos normales. Se realizaron exámenes
inmunológicos IgG, IgA, IgE, FR, FAN, resultando todos dentro de
límites normales.
A la semana de tratamiento la agudeza visual mejoró a 6/10, OD y 8/10,
OI. A los quince días presentó 10/10, AO. Se reaplicó la retina,
recuperó la transparencia vítrea y corneal; ruptura de sinequias
posteriores. En cámara anterior evidenció tyndall entre 1 y 2 (+)
durante todo el tratamiento. Se redujeron en forma progresiva los
corticoides sistémicos y locales. Continuó con una dosis de
mantenimiento de 15 mg de 16-beta-metilprednisolona por día.
Siete meses despues del comienzo de la enfermedad presentó una recidiva
con las mismas manifestaciones oculares y extraoculares de comienzo de
su patología. Se aumentó la dosis de los corticoides a valores de
inmunosupresión (1mg/kg/día) con respuesta parcial al tratamiento.
Continuó con tyndal moderado y sinequias posteriores en cámara
anterior, vitreítis moderada, edema de papila y desprendimiento de
retina exudativo en el polo posterior; todas las manifestaciones se
observaron en ambos ojos. Se indicó la posibilidad de complementar el
tratamiento corticoideo con ciclosporina A (dosis entre 3 y 5
mg/kg/día), no realizando nuevos controles en el Hospital Oftalmológico
Santa Lucía. En la última consulta presentó una agudeza visual de 4/10
en ambos ojos y con su enfermedad en actividad.
Caso 2:
Niño
de nueve años de edad, que consultó por molestias oculares, fotofobia
en ambos ojos y cefalea . El cuadro fue tratado con antialérgicos
durante tres meses . La agudeza visual en el examen fue de 6/10 en OD y
10/10 en OI; no mejoró con corrección . A la biomicroscopia presentó
uveítis en ojo derecho con gran inflamación y tyndall importante de 3
(+) en cámara anterior e hiperemia conjuntival y periquerática en el
ojo izquierdo. En el fondo de ojo se observó tyndall vítreo leve de 1
(+) y desprendimiento de retina exudativo plano en ojo derecho e
hiperemia discal y edema de papila en ambos ojos. Se lo medicó con
corticoides tópicos (acetato de prednisolona al 1%) y cicloplégicos
(atropina al 1%).
El
examen neurológico y la tomografía axial computada de cerebro
resultaron normales; la ecografía mostró engrosamiento coroideo difuso
a predominio del ojo derecho. Se trató con corticoides orales a dosis
inmunosupresoras es decir 1 mg/kg/día de deltisona B y a la semana, la
agudeza visual fue de 10/10 en ambos ojos, persistiendo leve
inflamación en cámara anterior y edema de papila bilateral. Permaneció
con tratamiento durante dos meses ; remitieron los signos y síntomas
oculares y sistémicos y desapareció todo tipo de actividad inflamatoria
anterior y posterior. Se redujo paulatinamente la medicación hasta su
suspensión.
Al año concurrió con reactivación de su enfermedad
reapareciendo los signos y síntomas oculares y extraoculares; la
agudeza visual fue de 6/10 en OD y 10/10 en OI. Se medicó con
corticoides sistémicos 16-beta-metilprednisolona a dosis
inmunosupresoras de 1 mg/kg/día. Luego de dos meses de tratamiento
desaparecieron los signos y síntomas de la reactivación de su
patología. Se redujo en forma progresiva la medicación hasta
suspenderla al cabo de dos meses. En la última consulta permanecía sin
actividad inflamatoria y 10/10 de agudeza visual en ambos ojos.
Caso 3:
Paciente
de 15 años de edad de sexo femenino que comenzó su enfermedad dos años
antes. Se encontraba en tratamiento con corticoides sistémicos
(16-beta-metilprednisolona) 8 mg/dia, que suspendió por embarazo. Al
momento de la consulta se hallaba sin tratamiento desde hacía 15 meses
y al exámen clínico general presentó cefalea, poliosis y alopecía. Al
exámen oftalmológico la agudeza visual era de 1/10 difícil en el OD que
no corregía y de no percepción luminosa (NPL) en el OI. El estudio
biomicroscopico mostró en OD precipitados queraticos finos, contacto
irido-corneal periférico, sinequias posteriores en 360°, flare leve,
tyndall moderado de 2 (+). En el OI se encontró precipitados queráticos
pequeños y medianos, sinequias posteriores en 360°, tyndall moderado de
2 (+). El fondo de ojo evidenció: edema de papila bilateral, nódulos de
Dalen Fuchs en ambos ojos; en el OD excavación de papila de 5/6 y
atrofia de papila en el OI. La PIO al momento del examen fue de 22 mmHg
y de 35 mmHg en el ojo derecho e izquierdo respectivamente y en
tratamiento con timolol 0.5 % cada 12 hs. Se comenzó el tratamiento
sistémico con corticoides a dosis inmunosupresora de 1 mg/kg/día de
16-beta-metil-prednisolona (60 mg/día). Se complementó el mismo con
corticoides tópicos (acetato de prednisolona al 1% cada 2 horas) y
cicloplejicos (atropina al 1% cada 8 horas) e hipotensores oculares
(timolol al 0,50% cada 12 horas). Se realizó iridotomía con Yag láser
en ambos ojos; la presión descendió por debajo de 17 mmHg durante todo
el tratamiento.
Ante la falta de respuesta al tratamiento
sistémico se decidió modificarlo por 16-beta-metilprednisolona a la
dosis de 30 mg/día y ciclosporina A a la dosis de 3 mg/Kg/día. La
agudeza visual del ojo derecho mejoró a 5/10 difíciles con estenopeico,
en tanto que el izquierdo no recuperó visión. Se redujo en forma
paulatina la dosis de corticoides y ciclosporina A. Permaneció con
dosis de mantenimiento de 8 mg/día de 16-beta-metilprednisolona.
Fue operada de catarata, OI, cuatro años después con técnica
extracapsular y colocación de lente intraocular en el saco capsular. Se
incrementó la dosis de corticoides sistémicos a tratamiento
inmunosupresor, (16-beta-metilprednisolona) a la dosis de 1 mg/kg/día
tres días previos a la cirugía y se redujo paulatinamente luego de la
misma.
Se produjo una recidiva seis años después con disminución de la agudeza
visual a 1/10 en OD. Los síntomas oculares y las manifestaciones
extraoculares fueron similares a los del comienzo de la enfermedad.
Presentó desprendimiento de retina exudativo confirmado por ecografía.
Se aumentó la dosis de corticoides sistémicos a 30 mg/día de
16-beta-metilprednisolona y ciclosporina A a la dosis de 3 mg/kg/día.
Se consiguió revertir el cuadro. En la última consulta se encontraba
sin actividad con 5/10 de AV en OD y sin proyección luminosa en OI ;
PIO 10 mmHg en ambos ojos y sin medicación corticoidea.
Resultados
A continuación se detallan los casos publicados desde 1966 incluyendo los tres casos desarrollados en este trabajo.
Discusión
El
Síndrome de Vogt Koyanagi Harada es considerado de presentación muy
poco habitual en niños. En la literatura se han reportado dos casos de
4 años de edad como los pacientes más jóvenes.(1,8-16)
El curso
clínico de esta patología es variable. Algunos pacientes tienen
episodios limitados de inflamación activa; mientras que otros presentan
episodios recidivantes y graves con compromiso del polo posterior y
rápido deterioro de la visión.(9-10) Los corticoides sistémicos inhiben
la inflamación ocular y producen reaplicación retinal en la mayoría de
los pacientes con síndrome de Vogt Koyanagi Harada.(9-10)
El análisis de la evaluación de estos pacientes nos demuestra que a
semejanza de otros trabajos publicados el síndrome tiene una evolución
más tórpida en pacientes pediátricos que en adultos.
Cuadro comparativo de incidencia de complicaciones entre adultos y niños con Síndrome de Vogt-Koyanagi- Harada.(9)
| Complicaciones |
Adultos |
Niños |
| Panuveítis |
NF |
40% |
| Glaucoma |
14% |
46% |
| Alteración del epitelio pigmentario |
71% |
77% |
| Cirugía de Catarata |
17% |
61% |
| Desprendimiento exudativo de retina y coroiditis |
NF |
31% |
Agudeza visual corregida previa al tratamiento en 97 pacientes con síndrome de Vogt-Koyanagi-Harada.(9)
| Complicaciones |
Adultos |
Niños |
| 20/200 o peor |
22/84 (26%) |
8/3 (61%) |
| 20/200 - 20/50 |
21/84 (25%) |
1/13 (8%) |
| 20/50 o mejor |
41/84 (49%) |
4/13 (31%) |
| Total pacientes |
84 |
13 |
Asimismo
la terapéutica debe ser instaurada rápidamente y de manera mucho mas
agresiva, no solo con el uso de corticoides sistémicos, sino de otros
inmunosupresores.Actualmente se está utilizando mucho la ciclosporina A
asociada a corticoides con buenos resultados. Esto podría evitar las
complicaciones como: alteración del epitelio pigmentario, catarata,
áreas de retinocoroiditis focal, neovascularización subretinal,
glaucoma y ptisis bulbi (10,17-19). Sin embargo estas complicaciones
siguen siendo frecuentes, y muchas veces serán quienes determinaran la
agudeza visual final (17-19). Los casos descriptos en este trabajo
evolucionaron como lo hace habitualmente esta enfermedad en pacientes
pediátricos (ver cuadro). Sólo un paciente manifestó cefalea como único
síntoma extraocular; otro de los pacientes presentó cefalea, rigidez de
nuca, acufenos y disacusia, y el restante cefalea, poliosis y vitiligo.
Como manifestaciones oculares presentaron uveítis bilateral difusa con
sinequias posteriores en 360º. En el fondo de ojo papilitis bilateral y
desprendimiento de retina exudativo.
Ohno en 1987 demostró aquellos factores que pueden afectar la agudeza
visual final de cada paciente, incluyendo: a) complicaciones oculares,
b) agudeza visual en la primera consulta y c) edad de comienzo. Estas 3
variables, y sobre todo la última, quedaron evidenciados en este
trabajo. La agudeza visual final fue en la primera paciente de 4/10 en
ambos ojos y en tratamiento con corticoides a dosis inmunosupresoras;
en el segundo paciente de 10/10 en ambos ojos y sin tratamiento; y el
tercero conservó 5/10 de agudeza visual en el ojo derecho y sin
proyección luminosa (NPL) en el ojo izquierdo, se mantiene sin
tratamiento. Este último paciente concurrió a la consultó con
excavación papilar de 5/6 en ojo derecho y atrofia de papila en ojo
izquierdo. Esta es una complicación habitual generada por el glaucoma.
Muchas son las causas que llevan a que se eleve la presión intraocular
en estos pacientes a saber: la administración crónica de corticoides,
la trabeculitis, debido al proceso inflamatorio en cámara anterior y la
formación de sinequias anteriores y posteriores que en algunos casos
llegan a ocupar los 360° y producen seclusión pupilar (17). El
tratamiento que se realizó para resolver esta complicación fue
iridectomías periféricas en ambos ojos y así reguló la presión. La
opacificación del cristalino fue otra complicación que presentó esta
paciente; se resolvió con cirugía extracapsular e implante de lente
intraocular de cámara posterior en el saco capsular con buen resultado.
Para ello se modificó la dosis de corticoides a valores de
inmunosupresión tres días previos a la cirugía (19).
Sólo un paciente presentó complicaciones como glaucoma y catarata, el
tiempo de seguimiento fue breve. Precisamente el paciente que tuvo
mayor seguimiento fue quien presentó las complicaciones. Queda la
pregunta planteada para los otros dos pacientes. La respuesta al
interrogante la tendremos sólo con el tiempo de control de estos
pacientes.
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Chapter Cataract Surgery in Uveitis Patients. First edition, 1995.
Autor: Dres. Darío H. Guinder, Ricardo Brunzini y Gustavo Budman
Consultorios externos y Servicio de Uveítis HSL
agnlucia@satlink.com